La emancipación de los movimientos insurgentes indígenas a lo largo de la historia pos colombina, a sido tal, debido a los abusos causados por los sedientos, hambrientos e ignorantes españoles que llegaron a América, con fines prácticamente sádicos, como por ejemplo, robar, matar, violar, usurpar, torturar, con tal de alcanzar un poco de pseudo-fama transitoria y fortuna, consecuencia con la cual pasaron a llevar toda dignidad humana existente.
Debido a estos abusos, los indígenas se vieron obligados a través de las armas a trabajar de manera gratuita, convirtiéndose en esclavos de los occidentales, esclavos de su propia tierra usurpada por estos.
Como todos sabemos, estos crímenes eran justificados tanto por la corona española y por la iglesia católica, ambas instituciones hediondas y putrefactas, llenas de poderío a causa del negocio de la conquista, es decir, avalando los crímenes e injusticias patrocinadas por los burgueses europeos.
Tan bestial e irracional fue el actuar de los españoles, que al tiempo después de haber entrado en contacto con los indígenas, empezaron la matanza, independiente de la hospitalidad dada por estos, ya que los presentaron a los demás, los atendieron entre otros atributos que le dedicaron, y sin embargo, la matanza indiscriminada, empezó de manera paulatina y sin perder tiempo fueron acribillando a los indígenas que encontraban en su camino.
A modo de introducción y brevemente comenté, como fue el proceso de reconocimiento NO hegeliano, es decir, de relación sujeto-sujeto, mas que de señor y servidumbre.
Ahora, sobre el “reconocimiento” Hegeliano.
Dentro de la autoconciencia, se da el fenómeno del “reconocimiento” (Amerkeneren), el cual consta en que el señor se reconoce así mismo como tal. Y el siervo lo reconoce como su señor.
El señor goza, y se rinde autónomo respecto sus necesidades, debido a que solo consume los bienes. Y estos bienes, le son proporcionados por el siervo o esclavo, por medio de su trabajo.
Entonces, se hace autónomo el señor por esta relación del siervo con la tierra, y a la vez el pago del señor por este servicio. De esta manera, el siervo alcanza su propia autonomía, al tratar la tierra y hacerse parte de ella, ya que se da cuenta de que el señor necesariamente necesita del siervo, pero este último no necesita del patrón, por lo tanto puede levantarse ante él, rindiéndose autónomo.
De esta manera, puede ser que Hegel implícitamente quería fundamentar el levantamiento indígena. Ya que con esta tesis del reconocimiento, podría haber creado una emancipación de la misma, podría haber movido masas de personas con deseos de libertad indígena, ya que la burguesía era menor en cantidad respecto de la población indígena (naturalmente, porque estaban en sus tierras), por lo tanto podría haber existido un gran movimiento insurgente, importantísimo para la época.
Debido al abuso existente en aquellos, por parte de los españoles, surge la idea desenfrenada de aquellos indígenas colmados, furiosos, y con ansias de libertad, de hacer renacer la dignidad indígena, lo que desembocaría en sublevaciones de estos.
Cuando los Incas eran explotados en sus propias tierras, trabajaban directamente en ella, los “señores” solo vislumbraban el sufrimiento de los hombres de la tierra, pero lo malentendían, hasta gracioso les parecía el hecho nefasto de hacerlos trabajar sin descanso, con muy poca comida, poco líquido, durmiendo, pseudo-descansando en el mismo lugar que debían trabajar, en periodo de esclavitud, no conocían otro lugar, a excepción de ser trasladado a otra parte, pero con el mismo fin.
Los indígenas eran el combustible del sistema productivo colonial[1], así eran vistos los originarios de Perú, por parte de Darcy Ribeiro, quién hace latente el hecho del abuso, en el siglo XVI.
Cuando los Incas toman conciencia de su importancia dentro de todo este malévolo sistema, se alzan en contra del opresor, un ejemplo claro de esto, es Tupac Amaru, quién (como se dijo anteriormente) cansado de los abusos, realzó su voz, y poder de persuasión (de total verdad por lo demás), y entró en
Este hecho es uno de los más importantes a mi parecer, sobre el “reconocimiento” hegeliano, el cual queda en manifiesta realidad, ya que no es una utopía, ni una mera teoría, es latente su existencia.
Independiente al hecho que haya pasado después, me refiero a la traición de uno de los jefes de Tupac, que terminó con toda su familia muerta, cuando me refiero a toda su familia, digo la totalidad de la generación de este, y también incluir su círculo más cercano, hubo un levantamiento de proporciones.
Desde un hombre, un valiente hombre, con ansias de libertad, surge la idea de autonomía respecto de una infame autoridad, autoridad por lo demás impuesta a través de la sangre. Este hombre fue capaz de convocar a millares de indígenas que lo apoyaban en su noble causa, incluso fue llamado “Padre de todos los pobres y de todos los miserables y desvalidos”. Tanto fue su influencia sobre los demás, que se decía “que aquel que muriera en el camino, resucitaría para disfrutar de las felicidades y riquezas que le habían despojado los conquistadores”.[3]
Así, queda manifiesto que, el hecho de la libertad es una idea innata de todo ser humano, idea por la cual se contrapone aquel burdo pensamiento que se sostenía en la época. Me refiero al hecho que los indígenas solo eran bestias, carentes de humanidad, de razonamiento, tratados como animales de carga, y muchas veces más codiciados que las llamas debido a su poderío físico en terrenos difíciles, descabellada idea sostenida por los eclesiásticos de la época, que con su poder de persuasión hicieron pensar a todas las personas pseudo-intelectuales de que estos “animales de carga” eran tal como se menciona.[4]
Pero el Inca está presente, ya lo decía Mariategui en sus “7 ensayos de la realidad peruana”:
“La tierra ha sido siempre la alegría del indio. El indio ha desposado la tierra. Por ende, el indio puede ser indiferente a todo, menos a la posesión de su tierra que sus manos y su aliento labran y fecundan religiosamente.”[5]
Aquí es claro todo tipo de reconocimiento hegeliano para lograr la autonomía de si, respecto SU tierra, ya que a través de generaciones tras generaciones, todos sus antepasados han trabajo en ella. Como no traer a colación las grandes terrazas en Machupichu, por ejemplo, en ella, encuentran su equilibrio espiritual, la forma de honrar a sus antepasados, y en esta instancia sagrada, crear conciencia de que el indígena es capaz, es autónomo, es propietario y es libre por sobre todas las cosas de tener el contacto directo, sano, propicio y hermoso respecto de su cuna, con la cual luchó, se reveló y de alguna forma ganó su propia libertad, y así poder rendirse autónomo respecto del opresor, muestra que fue más razonable que él, pensó, creó, a partir de cero en relación a la tecnología existente de los españoles, estrategias paramilitares para defender lo suyo.
Avalo el hecho de violencia por parte del siervo al señor, avalo el hecho de la insurgencia indígena, ya que por medio de la razón, se puede atravesar balas, pueden sentirse libres, saber que la autoridad no es necesaria, sentir que el espíritu cooperativista existió (por miles de años), y que alguien a la cabeza solo entorpece las cosas. Y como dijo Víctor Jara, “
Esta contienda lamentablemente sigue viva, ahora las armaduras son cambiadas por ternos, las balas por papel billete, las caballerías por empresas transnacionales, por dar algunos ejemplos de los pseudo-cambios. Es cosa de apelar a la autoconciencia existente acá en Chile, específicamente en
La lucha sigue viva, la toma de terrenos donde por años han trabajado los indígenas son muestras de que esta estrecha relación tierra-hombre, permite el sentimiento oportuno de propiedad. ¿Te gustaría que llegara a tu casa un hombre de pelo rubio, te haga trabajar en tu propia casa, se coma tu alimento, y se ría en tu cara?... yo creo que no, así, a través de este burdo ejemplo es el sentimiento de rechazo que tiene el indígena despojado, creo que en el momento hipotético de estar trabajando en tu casa en tu terreno, sientas el deseo de defender lo tuyo, eso es reconocimiento hegeliano.
La autoconciencia, que crea el espíritu de “reconocimiento” indígena respecto sus tierras, está vivo, y mientras haya abuso con las raíces, la insurgencia combatirá la injusticia.
[1] Eduardo Galeano, “Las Venas Abiertas de América Latina”, I, Siglo veintiuno editores, 2007, p.65s.
[2] Cf. Eduardo Galeano, “Las Venas Abiertas de América Latina”, I, Siglo veintiuno editores, 2007, p.65s.
[3] Eduardo Galeano, “Las Venas Abiertas de América Latina”, I, Siglo veintiuno editores, 2007, p.66s.
[4] *Recién en el año 1957, el Papa Paulo III conjuntamente con
[5] José Carlos Mariátegui, “7 Ensayos de interpretación de la realidad nacional”, Ediciones Cultura Peruana, 2004, p.40s.